La cita


Imagen de Tomas Rusch
La cita.

Aquella tarde de invierno era algo diferente para el.
Había terminado su viaje de negocios y decidió darse una oportunidad como hombre. Decidió vivir una aventura.
Esperaba en la habitación de su hotel a una mujer. Esta era en realidad una prostituta de lujo.
Aquel hombre ya no tenía tiempo ni posibilidad de seducir ni ser seducido por lo que decidió engañarse a si mismo.
Pasaron unos breves minutos y con puntualidad británica llamaron a la puerta.
Se abrochó los botones de su albornoz y diciendo.
Adelante.
Recibió a su invitada.
Apareció una joven de no mas de una veintena de años rubia, esbelta no muy maquillada que reunía las características que había solicitado a la lujosamente llamada. Agencia de modelos.
La joven en conjunto era muy atractiva, pudiendo pasar desapercibida en la vida diaria, pero en aquel escenario parecía que se encontraba nerviosa.
El entonces se incorporó la dio un beso de bienvenida y la propuso tomar una copa.
Ella se limitó a tomar un vaso de agua.
Se sentó en el bode de la cama junto a su cliente y comenzó a desvestirse.
El la contempló unos segundos pidiéndola que se quedase solo con la ropa interior.
Observó su diminuto tanga que trasparentaba el negro bello finamente recortado de su pubis, que instintivamente ella trataba de ocultar con sus manos.
Comprendiendo que la joven sentía vergüenza,  intentó evadir su mirada e ir a lo necesario.
En la mesita te dejo lo acordado la comentó, y a continuación se quitó el albornoz.
Era un hombre ya hecho pero no viejo, su cuerpo era delgado y sus ademanes eran los de un caballero.
Se tumbó en la cama y atrajo a la chica hacia si, la quitó el sostén y descubrió unos pechos menudos pero prietos, saboreó con fricción sus pezones al tiempo que tranquilizaba con sus gestos a la muchacha.
Entonces pensó. Decididamente no haría nada que ella no desease.
Con una mirada la pidió disculpas deseando una respuesta positiva.
En ese momento ella comprendió que estaba segura, por lo que decidió regalarle un beso.
Después sus cuerpos se fundirían llenos de ardor para terminar sus bocas devorándose mutuamente.
La magia del amante había encendido la pasión entre los dos.
Un orgasmo brutal encendió el cuerpo de ella, al tiempo que la sabia del varón penetraba en su ser.
Mas tarde sus manos entrelazadas y una sonrisa en los labios fue el presagio de una noche especial.
Tras un despertar feliz el hombre, no ve a la amante a su lado, se incorpora, la llama y descubre su soledad.
En la mesita esta el dinero que debía cobrar la joven y junto a el una nota de puño y letra.
Gracias por seducirme regalandome tu pasión.
Si me deseas.
Puedes buscarme.
Un ramo de rosas sería la tarjeta de visita que alegraría el día de una guapa mujer. Que sabía que existía un hombre que la deseaba.

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