La mujer malabarista


4Photo credit: Kom_bo / Foter / CC BY

La Mujer malabarista.

Era fácil contemplarla ya que bastaba pasarse por aquella calle comercial donde se ganaba la vida, día a día, sin descanso, con el arte que impone la necesidad de ser artista, aunque sea simplemente por comer cada día.
Artista callejera, pero que derrochaba más simpatía que sus colegas. Delgada, alta y guapa, esmaltada de ocre, vestida con el traje de malabarista de la época hacía compañía al que lo deseaba. Un coqueto cestito de tela a juego con su indumentaria guardaba el sueldo diario.
Todas las tardes cuando pasaba la contemplaba un breve espacio de tiempo, al tiempo que la depositaba el pago a su trabajo. Pero aquella tarde la entregó un pequeño sobre, que junto con unas monedas iba un deseo.
Me gustaría darte un beso. Estaré en la cafetería de la esquina. Ya me conoces.
Con la idea en su cabeza, de que recibiría un plantón, el hombre pidió un café al camarero. Le bastaba simplemente soñar con que la joven atendiera su petición de sentarse a su lado y darle un simbólico beso, mientras el disfrutaba esta vez ya de sus palabras.
Transcurría el tiempo de la espera suponiendo que todavía era temprano, cuando vio entrar a una joven desmaquillada apresuradamente, con unos tejanos raidos y una camiseta deslucida.
Entonces comprobó que era más guapa que la estatua, pero no se hizo ilusiones hasta que esta le tendió la mano, entregándole un tímido hola. A modo de saludo…
El conteniendo la emoción. La besó la mano.
Ahora ambos habían cumplido su deseo. Hablaban de sus cosas como si fuesen amigos de siempre se sentían felices al tiempo que se devoraban con la vista. La chica derrochaba simpatía denotando la necesidad de compartir su soledad con el varón, y este se lo devolvía con un cariño inusitado.
El reloj avisaba que la velada debía terminar, hasta que por fin la joven anticipó la despedida.
En ese momento un hombre nuevo con una valentía inesperada la lanzaba un reto.
¿Quieres dejarte amar?
Lo que ocurrió puede ser otra historia. Pero se fundieron esta vez en un abrazo perdiéndose cada uno en sus recuerdos.

Efe.

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