El modelo.


3Photo credit: Genceriano / Foter / CC BY-NC-ND

El modelo

La desesperación por la ausencia de trabajo acompañada de una venidera depresión le indujo a tomar una decisión difícil.
Hojeaba las páginas de contactos y solo encontraba oportunidades de vender su cuerpo, con mujeres u hombres, la disyuntiva se tornaba en negro, pero al fin decidió marcar un número de teléfono.
Una voz cantarina con una relativa experiencia le soltó un mimoso hola.
El se esperaba algo parecido, así que  le fue fácil solicitar el puesto de modelo. Concertaron una entrevista y pronto se encontraron.
El sueldo era en precario al menos hasta que empezará, aunque la dificultad parecía ser mediana aceptó sin trabas. El trabajo consistía en posar desnudo para una pintora. Esta le aportó una impresión rara, pero en ese momento no podía fijarse en esas interioridades. Al día siguiente empezó su experiencia. La pintora era una mujer de mediana edad con un cierto atractivo, aunque su cabello teñido de rojo, así como el marcado maquillaje la convertía en una mujer extravagante. Su figura era todavía bonita y aunque su rostro ya denotaba el paso de los años resultaba todavía atractiva.
Le miraba con mirada severa, pero con cierto mimo le enseñaba a posar. Marcaba los músculos, propios de un cuerpo joven según le indicaba ella y las sesiones pasaban con cierta rutina y ya sin vergüenza por parte del joven.
Así llegó su primera semanada, y la despedida hasta la semana siguiente. Después interrumpirían el posado para quizá al final de la obra emplear algunas sesiones y poner término al trabajo.
Después pasó un largo tiempo, que para el le resultó eterno y por fin sonó el ansiado teléfono. A la mañana siguiente iría a posar para ella. Inexplicablemente sentía un deseo brutal de verla, de entregarse, aunque alejó de su mente cualquier posibilidad de amarla.
El cuadro era hermoso, el rostro del joven adquirió una mirada interesante, su desnudo no era vergonzante, sino más bien muy agradable de contemplar.
Entonces ella le lanzó una mirada lo suficientemente picara para que este la pidiese un beso. Lo de después fue simplemente pasión, ambos ya desnudos bebían de su frenética gana de disfrutarse, logrando que sus cuerpos se fundiesen en un coito inolvidable.

efe

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