La Necesidad.


La necesidad.2Photo credit: kenny73116 / Foter / CC BY-ND

Aquella mañana se levantó con una energía distinta, sintiendo unas ganas inmensas de fornicar, de tirarse a un hombre o de vivir algo especial. Mirándose en el espejo se pellizca los pezones con una inusitada sensualidad, luego juega con sus negros cabellos para finalizar masturbándose hasta llegar a una corrida intensa. Sale de la ducha, se ve hermosa y decide pasar un día diferente. Suena el teléfono, la voz cálida de su mejor amiga, le da los buenos días. ¿Qué vas a hacer hoy?
Diana mintiendo descaradamente, la responde que quiere despachar asuntos pendientes. Colgando dan por terminada la conversación. Elige unos caros tejanos desgastados, se enfunda una ajustada camiseta que marca sus orgullosos pezones y se maquilla suavemente para acabar subiéndose a unos altos zapatos negros. Su maliciosa sonrisa la indica que está buenísima. Esta lista para tirarse al macho que la ponga aquella mañana.3Photo credit: Marioedu / Foter / CC BY-NC-SA

Vaga por los sitios más excitantes que conoce, hasta recordar que hace mucho que no visita su burdel. Llama al timbre con impaciencia, hasta que oye la voz gruesa de la Dueña. Esta gestiona una seria casa de citas, que en los momentos críticos soluciona los problemas de liquidez de Diana, pero esta vez está allí por un lascivo deseo. Simplemente la necesidad de gozar hasta el extremo.
Convienen el trato a la espera de algún cliente. Suena de nuevo el estridente timbre para dar paso al primer visitante. Es un varón de mediana edad, con una mirada seca y unas desesperadas ganas de vivir el trance deseado.
Llegan a un acuerdo. Se desviste apresuradamente mientras espera a Diana. La joven entra en la habitación, se desnuda y sin preguntar, decide chupar el pene del casi asustado cliente. Transcurren unos segundos cuando cesa su felación, observando su obra decide preguntarle. ¿Qué deseaba que le hiciese?
En ese momento el opta por ponerse a la disposición de la hembra que le usa con tremenda furia, le come, lo araña, lo lleva a la necesidad de entrar dentro de ella. Pero eso es un deseo no consentido aún. Su lengua comienza sin pudor alguno a chupar los duros pezones de la joven hasta bajar al mágico botón, mezclan su sudor hasta que el varón revienta, jalando para arriba chocan sus labios, ya le suplica. Esta vez follan con furia y ganas.
Siente como las embestidas del varón la rompen, los jadeos intensos denotan placer, luego ella advierte como el semen inunda su sexo hasta llegar hasta sus entrañas.
Después le mira con descaro, sabiendo que ha vivido con un desconocido una locura imprudente, se incorpora, recoge su ropa y dándole un beso le recuerda que nunca más lo repetirán
efe.

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