Obsesión.


Obsesion_1710Photo credit: Mario Izquierdo / Foter / CC BY-NC-ND

Obsesión. 2ª. Parte.

El día había pasado para Diana sin pena ni gloria, nada digno de contar pero seguía en su mente viva la imagen de Clara. Comió con una compañera, hizo unas llamadas, intento concentrarse en sus tareas, pero al no conseguirlo decidió terminar su jornada laboral. Al día siguiente se pondría al día pensó.
Llego a su apartamento y mientras esperaba a Clara decidió darse una ducha, el agua tibia resbalaba por su cuerpo provocándola una grata sensación, animándola a darse placer en ese instante. Era una mujer se podría decir casi diez. Salió de la ducha, cuando el espejo del tocador la recordó su innegable atractivo, desnuda con sus cabellos negros sobre los senos llenos, se reflejaba un cuerpo especial. Renuncio a tocarse en exceso, se coloco una mini vaquera, y una camiseta de tirantes muy ajustada, prescindiendo de su ropa interior y descalza se apresuró a peinar sus cabellos.
Llamaron a la puerta y supuso que sería Clara, abrió la puerta corroborando su suposición. Se recibieron con un jovial saludo pasando al interior del Salón. Terminaré de limpiar la cocina y creo que con eso estará lista toda la tarea. Perfecto la respondió Diana, cediendo a la tentación de ver a Clara en braguitas y sujetador mientras se enfundaba en lo que era su traje de faena, que parecía más para hacer deporte, que para trabajar como asistenta.
Diana apreció como era Clara físicamente, su cuerpo era esbelto propio de una joven muy agraciada, sus senos eran la talla ideal para su figura, con unas piernas largas y torneadas que terminaban en unos pies propios de una linda Princesa.
Obsesion_1710-bDiana no cedía a la tentación de espiar a Clara, obteniendo un cálido alivio cuando Clara la confirmo el fin de la faena.
Entonces solo quedaba un intento para  Diana de conocerla.
Se levanto y mientras otra vez Clara se enfundaba en sus tejanos y en sujetador aún. Diana la invito a tomar una copa de vino.
Advirtió un ligero rubor en la cara de la joven, que sirvió para confirmarla que era preciosa.
El efecto del buen vino, hizo que las manos de ambas mujeres se tocaran llegando sus dedos a iniciar un agradable y sensual juego .
Pero la timidez de Clara hizo que la despedida fuese más rápida de lo deseado. Quedaron para el próximo día que tenía hábil Clara. Diana la recogería en su coche para que así la jornada fuese más corta para la muchacha.

Efe.

Continuará.                                                                                                    Photo credit: Gitano Rikli / Foter / CC BY-NC-SA

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