Amantes.


El arte de bien amar.

201007Photo credit: Joseba Barrenetxea Altuna / Foter / CC BY-NC-ND

Amantes.

La sonrisa en sus labios marcaba el momento que estaban viviendo. Las manos del varón acunaban a su hembra, mientras ella jugaba a seducirle recorriendo reciprocamente su cuerpo . La vida no era fácil para ellos pero su historia sabría hacer justicia. Sus ideales eran inusuales para el tiempo que vivían, pero eran bien nacidos y sabían agradecer lo bueno además de temer a lo malo.
El dios eros no tenía mucho que influir en sus vidas, su juventud y belleza bastaban para completar esa muy buena pareja que sabia crear el buen amor.
Bajo aquel árbol centenario, en aquel rincón casi oculto del bosque cercano a donde vivían, gustaban de hacerse el amor, por supuesto sin tapujos ni barreras. Conocían cada uno el cuerpo del otro, por lo que no se acariciaban, sino que se bañaban en una pasión desenfrenada, que les producía el placer esperado.
A veces la muchacha jugaba a ser la amante severa y el joven se dejaba hacer.
Hasta que dichoso la replicaba.
Me vas a romper cielo.
Ella sonreía con una perversidad adorable y seguía comiéndolo sin recato.
Y así era, se derramaba dentro de lo más profundo de ella, la besaba, abrazaba y ambos se regalaban lo mejor de ellos mismos.
Mientras el viejo árbol abría sus brazos  no pudiendo contener su sombra.

Efe.

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