Las ejecutivas. La cena.


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Origen de la imagen.

La cena.

Salieron del despacho quizá desconcertadas, pero al mismo tiempo contentas, se presentaban tiempos emocionantes para ellas. Diana le propuso ir a su casa a prepararse para el evento,ya que esta estaba dentro de la ciudad, más cerca de todo. Además de compartir su afecto tenían ropa en sus diferentes domicilios para solucionar como vestirse.Por lo que pusieron un mensaje a Juan avisándole donde debía el chófer recogerlas y se  dirigieron a casa de Diana.
Laura conducía despacio, cosa rara en ella, llegaron a un chalecito de esos antiguos que se han quedado en zona urbana. Diana abrió la verja mientras Laura aparcaba. La casa era coqueta y estaba decorada con un gusto especial, se había mezclado lo muy nuevo con cosas antiguas y objetos de diseño de los años sesenta.
Sirve unas copas, subo y te espero en la ducha. Ok. Le respondió Laura. Ya desnudas Laura besaba los duros pezones de su amiga, el agua casi fría resbalaba por sus cuerpos hasta que llegaron a juntar sus labios para fabricarse un beso. Sus lenguas bailaban dentro de sus bocas, hasta que después llegara el mutuo orgasmo.
Había algo personal o físico en Diana que la volvía loca, juntas sabían gozar y aunque llevaban una vida plenamente sexual con otras personas, gustaban de jugar entre ellas.
Ya envueltas en unas cálidas toallas, charlaron de lo acaecido, descubriendo Diana que a Laura la había dejado algo Juan. Esta mirándola de nuevo le pidió.
Por favor no te lo ligues me gustaría tener una oportunidad.
Ambas se echaron a reír y se propusieron a vestirse para esa prometedora cena.
Habían convenido que sería algo convencional, así que su atuendo sería casual. Fuera sujetadores exclamaron entre risas. Terminaron Diana con un cortito vestido rojo que marcaba su busto sin enseñar nada, pero resaltaba con la abundante melena negra. Muy poquito maquillaje, tan solo un poco de color en los labios, a petición de Laura calzó unos zapatos bajitos a juego con el bolso negro.
Laura optó por un mini faldero vestido rosa. El escote vislumbraba sus pechos mas menudos que los de su amiga, pero llenos y erguidos resultaban excitantes, un colgante con una piedra azul, jugaba con el celeste de sus ojos, para terminar subida a unas altas sandalias doradas a juego con su cartera.
Claramente la decisión era resaltar sobre Diana, según antes habían convenido.
Satisfechas se sentaron en el mullido asiento de la lujosa berlina de Juan y se dirigieron a cenar con él.

Efe.

Continuará.

firma

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