La terapeuta.


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Silvia llevaba un año atendiendo como profesional a Lucas, que después de un desgraciado accidente de automóvil se había quedado postrado en una cama. Habían terminado la sesión de aquel viernes, Lucas sentado ya en su silla se disponía a ir a su habitación y la Terapeuta  a continuar con su trabajo, pero esta intentó animarle antes de irse.
¿Vendrá tu familia para llevarte a pasar el fin de semana en casa?
Esta semana les será imposible. Fue la escueta respuesta del joven.
Silvia entregándole una mirada sincera y casi sin valorar las consecuencias. Le propuso.
Termino a la una.
¿Te apetece pasar el fin de semana conmigo? Cocinaremos, charlaremos y sobre todo hasta podemos reírnos.
Lucas con unos ojos abiertos como platos. Solo acertó a balbucear.
Sería un placer para mí…
Entonces ella con una risa aún más cordial, le contestó cariñosamente.
Anda tonto prepárate. Añadiendo jocosamente. No me digas que no te apetece presumir de una rubia de muy buen ver.
Paso por tu habitación pasada la una. Por cierto no te hagas de rogar vale. Y cerrando la puerta se marcho alegremente.
El tratamiento en aquella clínica era muy bueno, Lucas había conseguido sentarse en una silla y con ayuda conseguía empezar a valerse, movía el brazo derecho y empezaba a recuperar movimiento en el izquierdo. Y aunque necesitaba mucha ayuda su tesón y la profesionalidad de los terapeutas. Entre ellos Silvia estaba dando sus frutos.
Era un hombre que estaba en la treintena, había practicado deporte y gracias a eso era capaz de afrontar su nueva vida, pero empezaba a recibir a la Soledad con miedo y quizá con desesperación. Para él, que una joven guapa y feliz se hubiese preocupado de su apática existencia,era el mejor regalo de su vida.
Con la ayuda necesaria se había duchado y vestido, Su cuerpo mostraba su traza atlética y después de haberse rociado con su colonia favorita logró una apostura muy agradable.
Silvia ya sin su pijama de trabajo, resultaba que era una preciosa mujer que pasada la treintena podía encandilar a cualquier hombre, de mediana estatura y con un cuerpo moldeado levemente en el gimnasio, la hacía ser una mujer diez.
Pero sobre todo sus ojos irradiaban una luz que anunciaban que tenía un corazón muy grande.
¡Vamos joven!  Y empujando la silla con una contagiosa alegría se dirigieron al coche.
Acomodó a Lucas, plegó la silla guardándola en el maletero y se sentó al volante pidiéndole . Busca buena música chaval.

Continuará.

Origen de la imagen.

Efe.firma1

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