La terapeuta.


La terapeuta.
Capítulo V

3Los días pasaban plenos de esfuerzo para Lucas, la intensidad con la que se iba recuperando correspondía al esfuerzo que realizaba, notando al mismo tiempo como Silvia le evitaba.
Ahora la rehabilitación era más técnica, más especial si cabe, pues los especialistas sabían que incluso ayudado de unas muletas hasta podría realizar algunos pasos. Para conseguir esto debía fortalecer la musculatura de los brazos y de su cuerpo en general. Pero también debía cuidar de su salud mental. Dejó de obsesionarse con Silvia, quizá volvería a valerse por sí solo y otra vez se metería al amor dentro de su vida.
Llegó el momento de recibir el alta hospitalaria, a partir de ese momento la rehabilitación sería desde su domicilio y poco a poco tendría que compatibilizarla con su vida diaria.
Colocaba su ropa en una bolsa mientras esperaba a que le recogieran, cuando llamaron a la puerta. Era Silvia.
Como siempre con su seguridad acostumbrada se coló a saco.
Hola Lucas. Me he enterado que te vas dado de alta.
Enhorabuena Chaval. Ahora ese buen abogado que hay dentro de ti no me cogerá el teléfono. Y a continuación le dio un cariñoso beso.
Descolocado como siempre que se encontraba con ella.
Lucas la respondió.
Todo te lo debo a ti, porque aquel día abriste esa jaula interior que era mi vida.
Por cierto este abogado, no se hará de momento viejo y gruñón como lo pintas.
Luego otro beso más, esta vez por parte de él. Y la reacción de la muchacha que fue como siempre. Ilusionante.
Sabes donde vivo, conoces mis gustos campestres y tienes mi número de teléfono, así que ya sabes…
Adiós Lucas.
Despidiéndose, se marchó con lágrimas en los ojos sabiendo que perdía algo importante. Pero su vida estaba llena de miedo, no deseaba que el destino la hiciese nunca más daño, por lo que deseaba vivir sin compromisos y quizá no tener que pagar más por sus torpezas con los hombres. Mediante su soledad forzada entendía que era el escudo para no sufrir nunca más, pero ahora seguía sintiendo el recuerdo de Lucas, su cuerpo, sus besos y el coito del aquel día. No se sentía avergonzada pero entendía que tendría que olvidarlo. Por qué.
Eso se lo preguntaría quizá toda su vida.
El caso de Lucas lo había comentado con su superior y este aunque no lo aprobó del todo entendía que Silvia había sacado adelante al paciente. Pero la sustituyó en adelante por otro colega, simplemente argumentando que era por higiene mental, ya que entendía quizá equivocadamente, que su vida personal debía estar separada de la profesional.
Ella lo asumió quizá contrariamente a sus sentimientos pero entendió que acatar la decisión de su superior era lo prudente.
El trayecto hasta su casa fue ágil gracias a que a esa hora no había mucho tráfico, el chofer de la familia conducía con seguridad y apenas cruzó nada más que unas palabras de cortesía como era de rigor.
Lucas volvía de nuevo a ver esa carretera que desde el accidente no había vuelto a recorrer, ya que las otras veces que había salido casi llevaba los ojos cerrados. El vehículo se dirigió hasta la zona norte de la ciudad, en poco minutos llegaban a la villa donde Vivian sus padres. Otto. El fiel mastín salió a recibirle, después de su bienvenida, todo lo demás. Felicitaciones, parabienes y ahora a volver a empezar.
Todo, realmente emotivo pensó. Pero interiormente estaba muy solo, reconstruir esta otra parte de su vida no sería fácil.
De nuevo recordaba entre sombras, como Sonia en aquel viaje había compartido su felicidad con él. También recordaba el cuerpo de su pareja nítidamente, la primera vez que la poseyó, y también los últimos besos.
Luego las luces y sirenas y las ambulancias, para vivir después el duro despertar y más tarde el paso de un ángel. Silvia.
Simplemente ahora su vida era terriblemente dura, debía construir un muro afectivo, no se podía permitir ningún traspiés emocional si quería volver a ser persona.
Los días transcurrían monótonos pero productivos, El gimnasio le estaba descubriendo nuevos horizontes, aprovechando su gran afición a la natación Lucas empezó a nadar, se dio cuenta que sus piernas se sentían libres en el agua y su cuerpo empezó a tomar forma de atleta. Por las mañanas nadaba, practicaba en las paralelas, después de comer marchaba al bufete de su padre donde ya trabajaba antes, e intentaba ponerse al día de todos los asuntos, hasta que llegase el momento de que le encomendasen algún pleito.
La silla era un buen utensilio, aunque empezaba a utilizar las muletas con soltura, por lo que poco a poco empezaba a ser auto eficiente.
Su lesión afectaba a su medula espinal pero los especialistas iban descubriendo que habría una cierta recuperación, con esfuerzo y rehabilitación y a pesar de que comportaba sufrimiento, con unas muletas quizá podría caminar.
Eso era la meta de Lucas, cada poco tiempo Silvia le llamaba, quedaban para comer o cenar y luego se separaban. Lucas empezó a entender que había alguien en la vida de su amiga.
Aquella mañana estaba muy animado y deseando compartir su alegría con alguien, decidió llamar a Silvia.
Hola Silvia.
¿Es viernes a qué hora estarás libre?
Sobre las seis de la tarde.
¿Por qué me lo preguntas?
Tengo una sorpresa te invito a cenar , pero primero me haces un favor.
Desde luego. Fue la respuesta.
Silvia le acercó a la dirección que le indicó Lucas, y como si les estuviesen esperando apareció Carlota. Era la directora comercial del concesionario, en donde había adquirido el anterior vehículo. Precisamente con el que había tenido el accidente. Esta era una mujer entrada en los cuarenta, vestía de una manera muy clásica  logrando ser muy atractiva. Le recibió casi afectuosamente de manera que casi molestó a Silvia. Esta entonces se despidió dando un beso a su Amigo al tiempo de que se alegraba de la sorpresa, ya que conducir el vehículo adaptado le vendría bien para su total vuelta a su vida social y profesional.
La cena juntos no se celebraría esta noche.

Photo credit: Rafael Núñez via Foter.com / CC BY-NC.

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