Sin techo.


1Photo credit: Aidarile via Foter.com / CC BY-NC-ND

Sin techo.

Aquel rostro destilaba tristeza. Era una mujer llena de pena que vagaba envuelta en la pobreza. Pedía en la puerta del templo una moneda a todo el que pasaba para su sustento y quizá el de su familia, que hasta podía ser numerosa. Los transeúntes pasaban y de vez en cuando oía el tintineo de una moneda.
La idea de cualquier dadivoso es pensar que era pobre, por que había nacido así, o quizá incluso algún facineroso opinase algo peor, que no quisiese ser nada, o que se resignaba a no vivir.
Pero esas circunstancias las conocía solo ella. La vida a veces nos lleva a parajes insólitos, donde solo prima la pena en gran cantidad. Las causas podían ser de toda índole, su nacionalidad quizá maldita, para los tiempos en que vivimos, que todo se mide por el éxito y este es según donde hayamos nacido, sin pararnos a pensar que el lugar de nacimiento puede ser una lotería o quizá una suerte. Acaso los seres humanos no somos de la misma especie.
Acaso no somos capaces de soñar de reír y hasta de amar.
Su diaria tarea continuaba sin pausa, hasta que llegó alguien extraño, raro y hasta molesto. Era un hombre. Se sentó a su lado e intentó no sin esfuerzo que la mujer le atendiese que le prestara atención, quizá ella sintiese incluso el miedo de alguien del que no espera nada . Sin embargo le escuchó.
Te apetece comer.
Fue la pregunta. Absurda para ella.
Si. Creo que sí. Contesto con desgana. Para añadir.
Y a ti.
Pues también.
Entonces la desheredada partió una manzana en dos, dándole una mitad. Comiendo  juntos lo que les suponía un manjar, aprendieron a conocerse, después la tomó de la mano y la llevó a su casa.
Más tarde  la historia fuese compartir menos penas que alegrías.

Efe.

Pdta: Conocí a alguien que escribió algo parecido, llenando con su historia un libro que fue real hasta el fin.
Esa persona plasmo la historia en la que me he inspirado hoy.
Gracias José María.

José María Jimenez Rueda

Que tu muerte caiga sobre nuestra cabeza

19 pensamientos en “Sin techo.

  1. Bueno en caso de la historia que escribió mi amigo fue real. de hecho es autobiográfico.
    pero si tienes razón es casi impensable en la sociedad en que vivimos.
    Gracias por venir y compartir.
    Un abrazo.

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  2. Es una historia muy poco dada a la realidad, pero no exenta de ella en estos tiempos que corremos, pero hubo un tiempo no muy lejano que estos casos se daban más de lo que podamos creer. Es una pena que el miedo la desconfianza y los prejuicios nos lleven a estos extremos.

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  3. ¡Bello, efe! La generosidad y apoyo aparecen a veces donde menos los esperamos, y las carencias a suplir no siempre son de índole material, sino espiritual. En ocasiones vale más para nuestras necesidades, la calidez de una sincera compañía, que una o muchas monedas… ¡Un abrazo!

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  4. Conviene leer algo así para darnos cuenta de que no estamos solos y de que “compartir” puede ser algo básico y sencillo, a pesar de vivir en este mundo de “prisas y egoísmos”.
    Un abrazo.

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    • A José María lo conocí por motivos profesionales, pasaron años y no lo volví a ver, e intentado contactar de nuevo con el pero el numero teléfono que tengo no lo cogen.
      El libro lo tengo en mi biblioteca. y releyendo la dedicatoria me trajo grandes recuerdos.

      Gracias Amigo por venir.

      Un abrazo

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  5. Emotivo, amigo efe. Esa variante la amnejas de maravilla, también. Esa escena … ay, esa escena es algo que vivo de cerca pues conozco a alguien así … es tan real, que diría que hablas de ella.
    El final de aquí, aún no es del mi escena, ni de lejos, pero … me acerco a charlar con ella y …

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  6. Excelente, Efe… me gustó el tema de lo contingente, lo que llamas ´circunstancias´ y cómo son conocidas exclusivamente pro el personaje… Pareciera que guarda un secreto… que excede las limitaciones coyunturales… como si se tratara quizás de algo más subjetivo-personal…
    Gracias por la lectura… que tengas un muy buen fin de semana. Aquileana ⭐

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    • El pasado forma la historia personal de muchas personas que a veces las llevan a vivir lo impensable.
      Pero la terrible desigualdad que hay entre los seres humanos hacen que muchas nazcan ya cayendo en desgracia.
      La inspiración me vino de aquel anónimo libro que escribió un amigo y que fue casi autobiográfico.

      Un saludo Amiga.

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