La terapeuta.


5href=”https://www.flickr.com/photos/ffilo/4963594526/”>ffiloo via Foter.com / CC BY-NC-SA

La terapeuta. Capítulo VI

Carlota era mayor que Lucas, pero podía presumir de tener una forma muy juvenil de comportarse, quizá debido a su profesión, o de haberse divorciado al poco de contraer matrimonio. Era lo que la hacían ser así.
Lucas intentaba hablar por teléfono con Silvia, mientras Carlota disponía todo para la entrega del coche. Los intentos fueron infructuosos por lo que decidió esperar a que lo hiciese ella. En realidad el no la había desairado. Pensó con ánimo de reconciliarse con sí mismo.
Carlota regresó y empujó la silla de Lucas hasta el flamante vehículo. Allí Lucas ya con una habilidad estudiada se incorporó esta vez, con la ayuda de las muletas para sentarse en el asiento del conductor. La adaptación en su caso no era muy complicada, los pedales del acelerador y el freno estaban situados mediante levas en el volante, el resto era igual que cualquier deportivo como ese.
Carlota se situó en el asiento del copiloto para explicarle las posibles innovaciones del vehículo, aprovechando para iniciar una breve charla, que culminó para cerrar una cita en el restaurante en el que había una mesa reservada a nombre del joven.
Lucas había reservado mesa en el coqueto restaurante donde iba con Sonía su pareja, a veces acudía solo y la recordaba con emoción, porque la había querido de una manera especial. A veces pensaba que con Silvia podría ser igual. Con un pequeño retraso estudiado, apareció Carlota, esta vez vestía casual. Unos tejanos ajustados a la moda marcaban unas piernas torneadas y bonitas, el pantalón de talle alto daba paso a una blusa de encaje blanca que transparentaba lo justo. El sujetador del mismo color que la blusa anticipaba un busto hermoso. Lucas vestía igual que por la tarde, pantalones de lino, camisa de color y una bonita chaqueta de sport. Evidentemente el joven era lo suficientemente apuesto para que cualquier mujer lo deseara, pero todavía se sentía inseguro con cualquiera de ellas, en realidad solo estaba bien con Silvia.
La charla transcurría animadamente pero la sobremesa tendía a darse por finalizada. Carlota había llegado en taxi y Lucas tenía el nuevo coche en la puerta, era evidente que ella había calculado como volvería a su casa.
Me acercas a casa y te invito a una copa le propuso ella.
El aunque no estaba muy decidido. Ejerciendo su caballerosidad  asintió presto.
Conducía despacio hasta que llegó a un adosado en la periferia, Lucas sabia que vivía en el centro, pero pensó que se había mudado. Como leyéndole el pensamiento, ella le aclaró que había heredado ese chalet y lo usaba muchos fines de semana. Antes de que detuviese el coche Carlota abrió con el mando la puerta y Lucas por inercia entró dentro de la casa.
Entonces percibió como los labios de Carlota le regalaban un húmedo beso.
El joven la miró a la cara con cierta severidad, para aclararla. Carlota esto solo puede ser sexo, yo no puedo ni debo amarte, solo puedo gozar contigo.
Lo entiendo y lo comprendo. Le contestó segura, ven lo pasaremos bien.
El chalé estaba decorado con sencillez, la parte de abajo muy moderna y funcional albergaba prácticamente la zona donde Carlota vivía, Una cocina, baño, el salón y la habitación del servicio es lo que utilizo, le comentó la anfitriona.
Ponte cómodo, ahora vuelvo. Se dirigió al dormitorio, volviendo minutos después ataviada con una corta camisa trasparente. Sirvió una copa de cava mientras Lucas la contemplaba. Ella lo sabía y disfrutaba provocándole. Sus pechos eran duros, coronados por unos obscuros pezones que  traían a mal traer a Lucas, este se abandonó a aquel cuerpo salvaje que le estaba robando su dignidad, pero Carlota, le sacaba su lado obscuro. Notaba como su miembro pugnaba por salir, la mujer advirtiéndolo alegremente, decidió poner remedio a la calentura cogiéndolo ávidamente. Después lo desnudó con premura y encima de él, se introdujo de golpe el miembro del joven amante que estaba ya fuera de su voluntad. Se dejaba hacer y reconocía que esa mujer era un diablo que sabía hacer muy bien el amor. Calientes sudorosos y felices llegaron al clímax necesario para llegar a un salvaje orgasmo.
Rendidos por el sueño, se despertaría Lucas a la mañana. Palpó a su lado notando que estaba solo, escuchando después la voz cálida de Carlota que le decía.
Amor El café está listo.
El joven medio vestido, contemplaba a su amante medio desnuda que le mostraba una placentera sensación de felicidad.
Pero Rompiendo el momentáneo silencio Lucas empezó a hablar.
Carlota no me arrepiento de haber vivido esta noche contigo, pero no podría engañarme a mí mismo, ni a la mujer que adoro. Te ruego que lo entiendas.
Esta con el semblante cambiado, tuvo la nobleza de casi pedirle disculpas por el atrevimiento. Se dieron un cariñoso beso después de declarar su mutua culpabilidad.
De camino a su casa El joven había comprendido que le costaría ser feliz.
Ya castigado por el remordimiento de haber traicionado al que ya era su amor platónico no deseaba nada más que hablar con Silvia, cuando sonó el móvil.
Hola Lucas ¿Cómo estás Silvia?
Te estuve llamando pero fue imposible contactar contigo, la aclaró con miedo.
No te preocupes
¿Qué tal tú estreno?
Muy bien, tenemos pendiente una cena.
Sin problemas te llamo, si no lo hace antes tu amiga.
Silvia no me castigues, sabes que obré imprudentemente.
Bueno en realidad yo te volví a hacer hombre, pero estoy muy contenta por lograrlo.
¡Silvia! Exclamó con tono airado.
Se cortó la comunicación.
La vida para Lucas transcurría con una terrible normalidad, pasaron los meses y un día recibió la llamada soñada.
Hola Lucas.
Era Silvia.
Su corazón latía más de lo normal.
Me gustaría verte. Deseo hablar contigo.
Te parece bien esta noche, en el restaurante de siempre.
Si nos vemos sobre las diez treinta.
De acuerdo.
El restaurante estaba en el centro, en un típico barrio donde se comía bien además de que el ambiente era súper agradable.
Lucas llegó antes que Silvia, tomaba una copa de vino cuando apareció la joven. Vestía esta vez un poco más elegante de lo normal, el vestido negro se ceñía a su cuerpo como un guante y su cabello suelto la configuraba un rostro precioso que con un escaso maquillaje la daba una naturalidad exquisita.
Como siempre Lucas se quedó prendado con ella, pero sobre todo se quedó sorprendido con los pies desnudos de la joven, dentro de unas sandalias de alto tacón que le despertaron su libido.
Silvia que lo conocía muy bien sonrió, al tiempo que exclamaba: Sé que mis pies son tu fetiche, por lo que he querido hacerte un regalo, poniéndome estas sandalias.
Lucas solo acertó a contestarla.
Eres un cielo.

efe.firma1

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