La terapeuta.


En el capítulo anterior.

Hola Lucas.
Era Silvia.
Su corazón latía más de lo normal.
Me gustaría verte. Deseo hablar contigo.
Te parece bien esta noche, en el restaurante de siempre.
Si nos vemos sobre las diez treinta.
De acuerdo.

La terapeuta capítulo VII.

Pidieron carne asada, ensalada y vino blanco. Silvia intentó durante unos segundos romper el hielo y tratar de explicarle lo que quería decirle. Mientras él empezaba a temerse otra desilusión. Al fin reuniendo el coraje necesario, le explicó de un tirón lo que la pasaba. Lucas me voy a casar con mi antiguo novio, creo que en cierto punto tienes derecho a enterarte por mí misma.7
Lucas petrificado la preguntó.
Sé que no estás enamorada, que tiene que haber algo más fuerte que te lleva a hacer esto. La muchacha lanzándole una mirada de resignación le contesto.
Si. Estoy en cinta de él.
Casi llorando Lucas la rogó. No tienes que hacer lo que no quieras, me tienes a mí, adoptaré a tu hijo, os haré felices a los dos.
Entonces con un  torrente de lágrimas en sus ojos, se abalanzó sobre él para abrazarle, al tiempo que le decía.
No me hagas esto…
En principio su padre no lo consentiría y yo no me podría separar de mi hijo.
Tenemos que aprender a no amarnos, cerrar página y enderezar nuestras vidas.
Conocerás a la mujer de tus sueños e iniciarás la mejor aventura de tu vida. Que es lograr ser feliz.
Después se dieron un beso de despedida y se marcharon cada uno por su lado.
A Lucas se le había caído el mundo entero, pero lloró todo lo que debía y con el corazón lleno de tristeza entendió que tenía que seguir viviendo.
Los meses pasaban con rapidez. Lucas se concentraba en su trabajo además, de que su rehabilitación empezaba a dar resultados óptimos, la amistad con Carlota era algo especial, ambos se limitaban a disfrutarla, guardando sus recuerdos. Habían descubierto que podían ser grandes amigos y no excelentes amantes.
Silvia le envío un escueto mensaje, comunicándole que era madre, en el mes de junio había traído al mundo una niña sana que era ahora toda su ocupación.
Lucas desconocía donde vivía y se limitó a devolverla el mensaje deseándola lo mejor para ella y los suyos.
Como todo lo que le ocurría con Silvia, se diluía en el tiempo y la posibilidad de verla no era posible para él.
El verano transcurría alegremente y Carlota le invitó a pasar unos días en una finca de su familia en la playa.
Lucas no lo pensó demasiado y aceptó la invitación.
La finca era un naranjal situado en el levante, a pocos kilómetros del mar. Se bañaban en la playa, reían y disfrutaban de la gastronomía. Los días pasaban de un modo  genial y se disponían a regresar a la ciudad con las pilas cargadas.
Cada día Lucas pensaba en que quizá podría ser feliz con Carlota. Esta tenía la lógica de una persona sensata, madura y sobre todo vivía en un mundo sin problemas. Proporcionándole una estabilidad que casi le hacía feliz.
No existía quizá amor profundo por parte de ambos, pero su amistad fraguaba cada día más  su unión cómo pareja, siendo quizá posible juntar sus vidas.
Pero el destino lo cambiaría todo. Una mañana de sábado, en el gimnasio Lucas descubre a Carlota con su mejor Amigo, charlan animadamente mientras ella le mira con embelesamiento. Más sorprendido que enojado por no haberle contado nada su amiga, se acerca a ellos y les saluda con cierto rintrintín.
No esperaba verte Antonio por aquí, pero veo que te has aficionado al deporte.
Bueno la verdad que esto ha sido obra de Carlota, que me contagia todo lo bueno.
Le respondió su amigo.
Intercambiaron algunas frases intrascendentes, hasta que para romper  el hielo, Carlota  le anunció que se tenían que marchar. Añadiendo. Luego te llamo.
Al día siguiente le confirmaría su próxima boda con Antonio. Lucas ya había entendido la situación y la dio su sincera en hora buena.
Más tarde pensaría que lo contrario hubiese sido egoísmo por su parte.
Otra vez el tiempo había gastado un par de años más, la primavera anunciaba la llegada del verano. Mientras Lucas trabajaba, se rehabilitaba físicamente y no se planteaba ninguna aventura sentimental.
Hasta que aquel día. En una tarde dominical cualquiera, recibió el temido o más bien deseado mensaje.
¿Tienes un ratito el lunes para mí?
Silvia.
Otra vez esa mujer se metía dentro de su vida, hurgaba en sus sentimientos y probablemente le haría sangre.
Sus ideas eran claras, se había planteado no sufrir más, las mujeres le habían asestado ya varias puñaladas, necesitaba ser pragmático y no montarse otra historia que Silvia no le dejaría vivir.
Al fin el corazón le obligó a contestarla una vez más.
El lunes a las tres en el restaurante de siempre.
Aquel domingo le traería los dulces recuerdos de aquel día en la cama con ella.
Recordaba sus menudos, pero llenos pechos, que aquella noche estaban en sus labios, así como el delicioso cuerpo de la joven fundido en el suyo. En aquella ocasión no hubo nada más que pasión, una pasión que inexplicablemente el destino le arrebataba una vez sí y otra también.

efe.

Photo credit: Arturo Vez via Foter.com / CC BY

firma1

21 pensamientos en “La terapeuta.

  1. ¿Laura? Ten cuidado que ya mezclas los personajes, no hay nada peor que llamar a una mujer con el nombre de otra. 😉
    Esta Silvia es de las Ni conmigo, ni sin mi podrás ser feliz, le carga a otro con la hija de Lucas y a Lucas le dice que la hija es de otra.
    Si ya lo decía mi abuelo menudo ganado es el de pelo. 🙂

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