La terapeuta.


Capítulo VIII

Lucas pasó la mañana del lunes en su despacho. Había llegado muy temprano para adelantar el trabajo y así no tener que ir por la tarde. Si después tenía tiempo iría al gimnasio.
Como siempre llegó pronto a la cita. El mes de mayo venía anunciando calor, por lo que era aconsejable comer dentro, bajo el cobijo del aire acondicionado. Mientras bebía con gusto una copa de vino blanco, esperando a la mujer de sus sueños. Silvia no se hizo esperar, vestida de una manera elegante pero desenfadada, con unos pantalones negros de entretiempo que iba a juego con una chaqueta de lino blanca. Estaba preciosa. Lucas advirtió la belleza en su tostado rostro diferente a como él la recordaba, su semblante parecía sereno, aunque el maquillaje era más acentuado que de costumbre, unas gafas enormes tapaban su mirada consiguiendo que pareciese distinta.
Hacía más de dos años que no se veían, pero la encontraba cambiada, por lo que inmediatamente el joven intuyó que la ocurría algo.
Hola.
¿Cómo estás? La interrogó Lucas, levantándose de la mesa.8
Bien.
Ha pasado el tiempo, pero para ti mejor.
Le piropeo Silvia.
Bueno mi truco es el trabajo, acompañado del deporte y porque no, seguido de algún éxito profesional.
¿Cómo te ha ido a ti?
Estoy criando a mi hija cuando puedo. Pero soy muy desgraciada.
Ahí se derrumbó y cayó en los brazos de Lucas que todavía desconcertado solo se avino a decir. Calma cielo. Cuéntamelo todo.
En estos momentos mi hija está con mi marido, los celos se han apoderado de él y los malos tratos son visibles en mi, en estos momentos estoy decidida a abandonarle, pero temo perder a lo que más quiero. Mi hija.
Quitándose las gafas mostró su pómulo amoratado.
¿Cuándo te ha pegado?
El día que te llamé cogió a la niña acompañado de la niñera y se marchó a alguna de sus residencias fuera de la ciudad, pero antes tuvimos una fuerte discusión, provocada por que había salido la noche anterior a cenar con unas amigas. Perdió los estribos cuando le dije que yo era libre de mantener una cierta amistad con ellas y ahí recibí un mar de insultos seguidos de algún puñetazo.
Lucas cogiéndola la mano con dulzura la comentó. Ahora cielo lo mejor es ir al juzgado, pasaremos por el forense y pondremos una denuncia por agresiones y mal trato.
Quizá sea algo duro para ti contar los pormenores pero te aliviará saber que lo que has hecho es lo correcto.
Más tarde me dirás que quieres pedir a tu marido en el divorcio.
¿Por cierto sabes cuándo regresará?
Me ha puesto un mensaje avisándome que llegará mañana a las diez treinta. Además de decirme que me adora, que por favor le perdone.
¿Qué piensas?
No puedo perdonarle, volverá a las andadas en cuanto menos me lo espere.
De acuerdo. No estás sola.
La comida pasó simplemente sin comer por parte de ambos.
Lucas hizo un par de llamadas desde su móvil y después le comentó el plan. Acabo de hablar con un inspector amigo mío, nos espera en el juzgado, firmas la denuncia por agresión y malos tratos y a continuación intentaremos hablar con el juez de guardia. Luego ya veremos los pasos a seguir.
De acuerdo.
¿Has venido en coche?
Si está en el aparcamiento.
Bueno ya lo recogeremos más tarde.
En unos minutos estaban en el juzgado, el forense examinó y certificó las lesiones y se pudieron marchar. Quedaba esperar la citación del Juez para obtener una orden de alejamiento de su marido y después recuperar a su hija. Pero eso se produciría al día siguiente.
Ya en el coche Silvia temblaba quizá de miedo. Lucas lo advirtió y con una voz segura casi la ordenó.
No estás en condiciones de irte a tu casa, lo harás mañana. Ahora recibirás el cuidado de alguien que te quiere.
Había ya anochecido cuando entraban en el apartamento del joven. Silvia se sentó en un sillón, se sentía más tranquila. Lucas se dirigió a la cocina y comprobó lo que le había dejado de cena la asistenta. Ensalada que lo podían completar con fiambres. Volvió al salón y le pidió a Silvia que le diese unos minutos para cambiarse.
Salió en breves minutos, vestido con una bata y debajo el pijama, La muchacha advirtió como  era capaz de moverse a bordo del andador o de sus muletas por la casa casi volando.
Silvia con una mirada de agradecimiento, le pidió.
¿Me dejas tu cuarto de baño un momento?
La lógica respuesta no se hizo esperar.
Por supuesto.
Silvia salió con el rostro desmaquillado, descalza y con una chaqueta de pijama de Lucas. El la contempló alegremente y con una dulzura salida de su interior.
La dijo.
Esta preciosa con mi chaqueta de pijama.
Tonto. Me he aplicado una crema tuya, como sucedáneo de una hidratante, en mi descompuesta cara, lo de la chaqueta ha sido la solución perfecta. Lamento no estar demasiado sexi.
Me encantas.
Tú qué me quieres y me mimas demasiado. Fue la respuesta agradecida de la joven.
Lucas no había presenciado el reconocimiento del forense, pero advirtió entre la chaqueta medio abierta del pijama que se había puesto , diversos moratones en el pecho.
Se levantó y no pudo contenerse, la desabotonó el pijama y vio como su hermoso cuerpo era un hematoma.
Abrazándola con ternura la prometió que lo que la había hecho Luis su marido no quedaría así.
Silvia sollozaba, partiéndole el alma, la abotonó el pijama, diciendo vamos a cenar, nos hace falta, mientras que la enjugaba las lágrimas.
Cenaron esta vez con apetito, debido al hambre contenida. Silvia recogió la mesa, mientras Lucas la advertía que lo haría en la mañana la asistenta. Sonriendo, le respondió.
Oyes que estoy amoratada pero no inválida.
Mientras observaba como Lucas tendía una sabana y se apresuraba a costarse en el sofá.
¿Qué haces?
Dormiré en el sofá.
Silvia entonces con asombro sincero. Le espetó.
De ninguna forma dormirás ahí y menos por mi culpa.
La cama es grande y nosotros lo bastante adultos para respetarnos.
Abrazada a Lucas entraron en un sueño reparador.
A la mañana siguiente Silvia le diría.
Gracias por cuidarme y sobre todo por haberme sabido respetar como mujer.

Origen de la imagen.

firma1

33 pensamientos en “La terapeuta.

  1. Un bonito capítulo que no tiene desperdicio, desde el principio al final, donde se deja claro los sentimientos y las circunstancias y ese respeto, entre personas adultas, unidas por un lazo invisible en sus sentimientos.
    Un abrazo.,

    Le gusta a 1 persona

  2. Ya sé que no hay casualidades, sino causalidades, ayer me puse a releer la primera novela que escribí, en la que trato la violencia de género y hoy me encuentro con este capítulo de tu novela, yo también iré al capítulo 1 para disfrutarla completa, pues lo que leí aquí me gustó mucho.

    Un abrazo ce luz

    Le gusta a 1 persona

      • Así es, al escribir una novela puede uno llegarse a sentir como las Parcas o las Moiras, decidiendo los destinos de las personas (o personajes, en este caso) aunque algunos personajes de pronto toman la dirección de su “vida” y hacen lo que quieren ¿no te ha pasado?

        Me gusta

          • cierto, ya no recordaba lo emocionante que es hacerlo, quizá me anime a escribir otra, pero eso me absorbería por completo, tendría que dejar otras cosas, aunque sé que vale la pena.

            Y mi novela que estaba leyendo (ya la terminé) la empecé a escribir como tu, como cuento, pero había mucho que decir, mucha tela de dónde cortar y me seguí hasta más de 200 páginas.

            Me gusta

Tu comentario es Bienvenido

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s