Amor platónico.


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Autoría de la imagen.

Amor platónico.

Se adoraban hasta quererse, pero ella no lo entendía como estar enamorada, sus labios se encontraban día tras día, pero eran siempre la despedida. No tenían secretos y se admiraban como hombre y mujer, pero solo él, es el que esperaba su amor. Ella le quería, le  mimaba pero no entendía que le hacia daño.
Los envidiaban y tenían por amantes, pero para ella era amor filial, el sufría por un amor imposible, la sociedad por muchos motivos, le privaba de la libertad de amarla, solo podría quererla si ella lo deseaba.
Sus manos se conocían, a veces se apretaban fuerte, el sufría y luchaba contra la impotencia de que no pudiera ser suyo.
A veces pensó entregarla sus sentimientos, pero el miedo a perderla le alejó del momento.
Sus cuerpos se juntaron ante una adversa situación, la congoja ante la desaparición de un ser querido de la diva. Hicieron algo más de lo deseado. Los pechos de su amada se clavaron en su torso, sus labios se juntaron mientras las lágrimas de la hembra regaban su rostro. Aquel día lloró por la pena que sentía  su amor platónico, después solo recogió el agradecimiento, no la pasión deseada.
Al día siguiente un beso en los húmedos labios, la mano en la suya y el calor deseado. Dios cuanto la amé
A veces la vida te trae este suceso, enamorarte de la persona equivocada, aunque ella te demuestre un cariño insospechado, sabes que nunca será un amor con futuro, pasaran los años y posiblemente solo quedará un imborrable recuerdo, el amor frustrado.
Puede ser una historia personal, eso puede ser secreto, pero desde luego vivida desde cerca, casi es un sufrimiento.

Efe.firma1

12 pensamientos en “Amor platónico.

  1. Wow, este tipo de amores si que duelen. De jovencita de liceo, tuve algo así como un amor platónico. Nunca llegamos a nada, solo alcanzamos a enviarnos corazoncitos dibujados en un papel con un “te amo”, ja ja. y suspirábamos al vernos a los ojos. Luego pasó el tiempo y cada quien hizo su familia.
    Después de muchos años, nos encontramos nuevamente y nos sentamos a tomar un café y pudimos confesarnos lo que sentíamos en aquel entonces, casi que nos insultamos por haber dejado pasar ese momento tan bonito.
    Ahora, cuando casualmente nos vemos por ahi, solo hay un “hola”, y seguimos acariciándonos con la mirada, pero esta vez con nostalgia, porque sabemos que cada quien tomo su camino. Un Abrazo.

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