La terapeuta.


La Terapeuta

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La terapeuta.

Es la historia de dos personas que jugaron al escondite, con la felicidad, pero que siempre fueron honestos con ellos mismos y con los demás.

Empezó como el artículo del día, continuó en algunos capítulos más y acabó en una novela corta.
La terapeuta es una novela que ha fluido sola, cada párrafo lo he podido ensamblar con naturalidad, sin grandes esfuerzos.
No hace alarde de ser una obra extensa. Creo que quizá no podían ocurrir más cosas, entre los protagonistas que lucharon contra la adversidad, buscando su deseada felicidad. Pero si he intentado que rezumasen sinceridad y frescura.
He introducido matices que creo que están ocurriendo en el tiempo que vivimos. Aunque los personajes nadan en la completa ficción. Diré aquello. De que cualquier parecido con la realidad, es pura casualidad.
Como siempre los agradecimientos para mi compañera que ha tenido que sufrir bastante de mi ausencia mientras la escribía, pero que al fin gracias a su comprensión la terapeuta ha llegado al final.
También mi agradecimiento, a todos los que me habéis animado a escribirla, ya que ha sido un gran aliciente para este que les escribe, y porque quizá sin el apoyo de todos vosotros no hubiese sido posible.
En cuanto a la portada la he basado en una imagen personal, que creo que anuncia el esperado erotismo que he querido imprimir en la terapeuta.
Pienso que el amor, la intriga y el sexo, son los grandes ingredientes de esta novela, que espero que por lo menos, les agrade a todos.

Efe.firma año

La terapeuta.


La terapeuta. Capítulo X

El chófer no llegó a la terminal donde aterrizaría el avión privado del mafioso, antes el mercedes negro fue interceptado y aparcado fuera del hangar de la pista de aterrizaje y Arturo el chófer, detenido y llevado a la comisaría. Más tarde sería puesto en libertad por falta de pruebas, pero de momento el inspector le haría la advertencia de que no le iban a ir las cosas bien.
Ya en el aeropuerto Lucas  estacionó su coche en el aparcamiento. Antonio los recibió en la terminal y con prisa les llevó hasta las puertas que daban al acceso a la pistas y allí en un coche policial, precedido de otros dos con los rotativos encendidos, divisaron al avión privado, que en ese momento aterrizaba.

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Autoría de la imagen

La azafata abrió la puerta y bajo la escalerilla, en ese momento vieron a Luis, que sorprendido bajaba por la pasarela. Era un hombre de complexión atlética, con buen porte, vestía casual como correspondía a la ocasión. Detrás bajaba la niñera, con un bebé en brazos. Era una niña preciosa, rubia como corrrespondía a los genes heredados de unos padres guapos.
Silvia intento bajar del coche, pero Antonio la indicó.
No lo hagas hasta que le hayamos detenido.
Entre gritos y amenazas fue esposado y leído sus derechos. Después solo acertó a amenazar a su pareja cuando la vio corriendo hacia Lucia su hija.
Zorra te mataré.
Quizá, sería el último insulto o amenaza de palabra que ella escucharía.
Antonio los devolvió al aparcamiento en donde estaba el coche de Lucas, Se acomodó Silvia en el asiento trasero y lucía en una silla de bebé, dispuesta para ella, la niñera subió en el asiento del copiloto, partiendo el coche al domicilio conyugal. Lucas convino con Antonio que se verían en la comisaría después.
Silvia se comía a besos a su hija, devolviéndole la pequeña los arrumacos entre risas. Hoy era feliz. Llegaron a casa, la niñera subió a la niña ahora llorando, esta vez porque quería seguir en brazos de su madre. Silvia colgada al cuello de Lucas solo era capaz de besarle y darle las gracias por su amor.
Bueno debes ir a dormir un rato, las próximas horas serán muy duras. Casi le ordenó a Silvia.
Lucas arrancó con premura disponiéndose a ir a la comisaría.
Por el camino pensó como abordaría el caso, por eso por la tarde se reuniría con María su socia. Dentro ya de la comisaría paso al despacho de Antonio, este se levantó y afablemente le dijo. Bueno ya está en el calabozo ese cabrón.
¿Quieres un café malo? Le ofreció echándose a reír.
Mi imagino que no me puedes ofrecer algo mejor. Le respondió Lucas jocosamente.
Estamos esperando al abogado del detenido.
¿Sabes su nombre? Si es Juan de la Osa.
Joder es el mejor penalista del País, comento Lucas.
Muy amigo además de María, tu socia.
¿Por cierto no te gusta verdad? Le preguntó Lucas con bastante interés.
Evidentemente no tengo nada contra ella, pero veo algo en ella raro.
Le respondió El inspector.
Lucas se había independizado a nivel profesional de su familia, y en mitad del proyecto alguien le presentó a María.
Esta era una mujer ya madura, todavía guapa, que destilaba clase por donde anduviese, además era un abogado criminalista de mucho prestigio, por lo que en este caso le podría aconsejar.
Se había reunido por la mañana con ella y aunque no le pareció muy interesada le escuchó.
Ella solo llevaba asuntos muy complejos, era una condición que le impuso, otra era, que dado que manejaba múltiples negocios no podía dedicar más tiempo al bufete y eso también era una condición incuestionable. Pero es cierto que a Lucas le supuso la llave para independizarse y lo que es mejor empezar a ser un letrado importante. Le escuchó para resolver la cuestión con premura.
Ya que vas a llevar la acusación particular, debes trazar un plan, preséntame el boceto de tu actuación y lo examinamos. En cuanto al divorcio supongo que no tendrás en tu caso ningún problema para llevarlo a buen término.
Pronto llegó Juan de la Osa. Antonio lo recibió sin siquiera ofrecerle el maldito café, eso lo reservaba para los Amigos. Este era un hombre ya entrado en años, su elegante porte avanzaba su posición dominante entre los dos hombres, que se esperaban lo peor, que se pudiera escuchar.
Se presentó y con su acostumbrada arrogancia solicitó el informe de acusación a su defendido, leyéndolo con enorme pericia, levantó la vista por encima de sus lentes montadas en oro. Para decirles.
Con esto mi representado saldrá de la cárcel en dos días.
Antonio le miró con la estudiada astucia, de alguien que se mueve en la calle.
Esto es prácticamente la denuncia que el letrado que representa a la esposa de su representado ha puesto, por lo que él Sr Juez lo ha declarado en busca y captura. Después Un servidor aportará una batería de acusaciones de delitos probados al fiscal, que ahora no estoy en condiciones de anunciarle, El letrado dirigiéndose esta vez a Lucas, como posible negociador. Le espetó.
Observo que se personará Usted como acusación particular en la causa, además de tramitar la solicitud del divorcio contra mi cliente
Muy bien. Le ofrezco que retire la denuncia en este momento y a cambio obtendrá la custodia de la niña para su cliente, además de un divorcio que las deje en una buena posición social y económica.
Lucas se topó con la mirada de súplica de Antonio, que temía que el sinvergüenza de Luís se saliera una vez más con la suya, gracias a su poder económico e incluso político.
Pero el joven abogado no se rindió.
Perdone, los tratos los hará Usted en el juzgado, no retiraremos la denuncia, sino que ejerceré la acusación particular con todo el rigor necesario, para que su representado de una vez por todas de con sus huesos en la cárcel.
El letrado entonces con la calma suficiente, se refirió a ambos.
Mi cliente se declara inocente, como ha manifestado en el interrogatorio.
Nos veremos muy pronto. Y sin más explicaciones se marchó dejándoles boquiabiertos.
Ambos coincidieron que era la técnica acostumbrada por Juan de la Osa, para hacerles pensar que tenía un plan B.
Se despidieron y cada uno se dispuso a cumplir con sus obligaciones diarias.
Lucas volvió a pasar por su casa, se duchó y cambio de ropa, no tenía ninguna reunión importante ni debía acudir al Juzgado. Así que pensó que podría trabajar en el tema de la reunión con María, además de cómo iba a plantear el asunto de la solicitud del divorcio de Silvia.
Después la llamó quedando para tomar algo en su apartamento a la hora del almuerzo. Silvia le sugirió hacer ella algo para comer, lo que a él le pareció genial, conviniendo que se verían al mediodía.
Dejaría a Lucía en la guardería y luego se encargaría de ella. Eva la niñera

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Capítulo IX

Madrugaron lo suficiente para hacer las gestiones pertinentes ante el Sr Juez.
Silvia se vistió con la misma ropa que el día anterior, había lavado sus braguitas y el sujetador la noche que llego al apartamento de Lucas. La ausencia de maquillaje era idónea para darla un aspecto más creíble ante el juez, dado que su aspecto ahora, era peor que el del día anterior. 1
Lucas se había citado de nuevo con Antonio el Inspector amigo, que había tramitado la denuncia. Antonio era el marido de Carlota, este era un hombre pausado, quizá no muy atractivo, pero muy activo, además de inteligente.
Paradójicamente la amistad con ellos no se había deteriorado, a pesar de la desilusión que sufrió cuando se casaron. Pero coincidencias del destino, ahora Antonio tendría que ver bastante en la vida de Silvia y Lucas.
Ya en el Juzgado les saludo alegremente.
Hola pareja.
Silvia le dio un beso, y Lucas le estrechó la mano con un ademán de agradecimiento, ya que gracias a sus gestiones todo iba a mil por hora.
Abrió una carpeta de cartulina de dónde sacó unos folios, que le entregó al joven abogado.
Es una copia del informe de la denuncia que le hemos pasado al Sr Juez, esperó que dada la urgencia del suceso, dicte la orden de alejamiento para este individuo, además de medidas cautelares, por lo que probablemente pasará a disposición judicial.
En cuanto aterrice en el aeropuerto le entregaremos la orden, al tiempo que le retendremos lo suficiente, hasta que lleguéis vosotros y recojáis a Lucia. La hija de Silvia. Después permanecerá en la comisaría, máximo setenta y dos horas, le acusaremos de un caso tipificado como violencia de género con resultado de lesiones, además de intento de secuestro de una menor, ya que se ausentó del país sin expreso consentimiento del otro cónyuge.
Entre tanto Lucas, tu sabes lo que debe hacer Silvia en los próximos días.
Por cierto Silvia andamos tras tu marido, por sospecha de tráfico de armas hasta quizá de drogas y otras cosas más graves, pero es lo bastante listo para que se nos escurra siempre, por lo que te ruego que me prestes atención, haber si nos puedes ayudar.
¿A que se dedicaba, con quien trataba?
Siempre me ha dicho que se dedica a la importación y exportación de todo tipo de productos, es quizá la justificación, del nivel de vida en el que se mueve, o nos movíamos. Lo demás no hay nada especial, además de ignorarme como persona, desaparecía durante días para irrumpir en mi vida y en la de mi hija cuando menos me lo esperaba.
He vivido en una jaula de oro, vigilada por un chofer siniestro, individuo de su completa confianza que le informa de todo lo que hago en su ausencia. En cuanto a las amistades, se movía con banqueros e incluso políticos, pero hay algo que me intriga. Más de una vez a pesar de sus celos, me hacía que estuviese guapa para alguno de nuestros invitados, yo al principio le ayudaba hasta que me negué en redondo, cosa que resolvió con algunas bofetadas.
¿Te agredió con la crueldad que lo ha hecho la última vez?
No. No pasaba de alguna bofetada, hasta el otro día que se quito el cinto y ya veis como me dejó, además de propinarme un puñetazo en la cara
¿Había algún testigo?
El chofer estaba en su habitación, la niñera estaba con la niña en el jardín, la cocinera y la asistenta no estaban, ya que era su día libre.
¿Declararía alguno como testigo?
La niñera le tiene pánico, el chofer es su esbirro por lo cual no se puede contar con él.
Bien de momento le intentaré retener en la comisaría el tiempo reglamentario, hasta que  lo pongamos a disposición judicial.
Que dicte prisión el juez es lo normal.
Pasados unos minutos, el juez les recibió y dictó la orden de alejamiento y posterior detención del individuo, así como la devolución temporal de su hija, a Silvia.
Lucas la acompañó a por su coche, mientras por el camino la indicaba el plan que debía seguir.
¿Tienes dinero?
Tengo una cuenta conjunta con él, que es de donde saco el dinero para el día a día, luego poseo mi casa de soltera alquilada, el importe del alquiler va a una cuenta que administro junto con la firma de mi Padre.
Chica lista.
Mañana con el poder que me has firmado llamaré a la Agencia de trabajo a donde pertenece el chofer. Vamos a ahorrar dinero a tu marido. El chofer será despedido al menos temporalmente, la niñera dado que cuida a tu hija con esmero permanecerá de momento con el resto del servicio.
Por cierto renueva tu vestuario, cambia tu coche, date una vida padre, este hijo de mala madre tardará poco tiempo en salir bajo fianza y supongo que querrá que su mujercita viva divinamente.
Silvia dándole un beso en los labios le preguntó.
¿De verdad tengo que separarme de ti?
Cariño tenemos que ser astutos, ten paciencia, este tipo será cazado esta noche. Por lo que precisamos que el  chofer, se crea que estás sola.
Adiós mi vida. Nos vemos para ir al aeropuerto.
Lucas por primera vez en mucho tiempo se sentía muy preocupado, pero al mismo tiempo sentía que la responsabilidad adquirida, le estaba convirtiendo en el hombre más feliz de la tierra. Su objetivo era hacer muy feliz a Silvia y a su hija.
Silvia entro en el palacete, la cocinera había dejado carne asada en el frigorífico, por lo que se dispuso a comer algo, pero primero llamó al chofer, este la miró casi con descaro, pero la preguntó con cortesía que deseaba.
¿Hola Arturo te ha confirmado el Señor su llegada?
Su avión tiene previsto el aterrizaje a las diez treinta.
¿Irás al aeropuerto a recogerle?
Si claro.
¿La asistenta se ha retirado a sus habitaciones?
Sí Señora.
Correcto les esperaré despierta.
Puedes retirarte.
Inmediatamente llamo a Lucas y le confirmó la llegada del mafioso.
Genial. Avisare a Antonio. Supongo que el chofer no llegará al hangar privado donde aterrizara el avión de Luís, será retenido antes. También me temo que tu marido irá un poco más incomodo de lo que acostumbra, eso si esta vez al calabozo.
A las diez y quince estaré enfrente de tu casa, no salgas hasta que estés segura de que se ha ido el chofer.
Un beso cariño.

Photo credit: The Stoic Art of Photography via Foter.com / CC BY-NC-SA

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Capítulo VIII

Lucas pasó la mañana del lunes en su despacho. Había llegado muy temprano para adelantar el trabajo y así no tener que ir por la tarde. Si después tenía tiempo iría al gimnasio.
Como siempre llegó pronto a la cita. El mes de mayo venía anunciando calor, por lo que era aconsejable comer dentro, bajo el cobijo del aire acondicionado. Mientras bebía con gusto una copa de vino blanco, esperando a la mujer de sus sueños. Silvia no se hizo esperar, vestida de una manera elegante pero desenfadada, con unos pantalones negros de entretiempo que iba a juego con una chaqueta de lino blanca. Estaba preciosa. Lucas advirtió la belleza en su tostado rostro diferente a como él la recordaba, su semblante parecía sereno, aunque el maquillaje era más acentuado que de costumbre, unas gafas enormes tapaban su mirada consiguiendo que pareciese distinta.
Hacía más de dos años que no se veían, pero la encontraba cambiada, por lo que inmediatamente el joven intuyó que la ocurría algo.
Hola.
¿Cómo estás? La interrogó Lucas, levantándose de la mesa.8
Bien.
Ha pasado el tiempo, pero para ti mejor.
Le piropeo Silvia.
Bueno mi truco es el trabajo, acompañado del deporte y porque no, seguido de algún éxito profesional.
¿Cómo te ha ido a ti?
Estoy criando a mi hija cuando puedo. Pero soy muy desgraciada.
Ahí se derrumbó y cayó en los brazos de Lucas que todavía desconcertado solo se avino a decir. Calma cielo. Cuéntamelo todo.
En estos momentos mi hija está con mi marido, los celos se han apoderado de él y los malos tratos son visibles en mi, en estos momentos estoy decidida a abandonarle, pero temo perder a lo que más quiero. Mi hija.
Quitándose las gafas mostró su pómulo amoratado.
¿Cuándo te ha pegado?
El día que te llamé cogió a la niña acompañado de la niñera y se marchó a alguna de sus residencias fuera de la ciudad, pero antes tuvimos una fuerte discusión, provocada por que había salido la noche anterior a cenar con unas amigas. Perdió los estribos cuando le dije que yo era libre de mantener una cierta amistad con ellas y ahí recibí un mar de insultos seguidos de algún puñetazo.
Lucas cogiéndola la mano con dulzura la comentó. Ahora cielo lo mejor es ir al juzgado, pasaremos por el forense y pondremos una denuncia por agresiones y mal trato.
Quizá sea algo duro para ti contar los pormenores pero te aliviará saber que lo que has hecho es lo correcto.
Más tarde me dirás que quieres pedir a tu marido en el divorcio.
¿Por cierto sabes cuándo regresará?
Me ha puesto un mensaje avisándome que llegará mañana a las diez treinta. Además de decirme que me adora, que por favor le perdone.
¿Qué piensas?
No puedo perdonarle, volverá a las andadas en cuanto menos me lo espere.
De acuerdo. No estás sola.
La comida pasó simplemente sin comer por parte de ambos.
Lucas hizo un par de llamadas desde su móvil y después le comentó el plan. Acabo de hablar con un inspector amigo mío, nos espera en el juzgado, firmas la denuncia por agresión y malos tratos y a continuación intentaremos hablar con el juez de guardia. Luego ya veremos los pasos a seguir.
De acuerdo.
¿Has venido en coche?
Si está en el aparcamiento.
Bueno ya lo recogeremos más tarde.
En unos minutos estaban en el juzgado, el forense examinó y certificó las lesiones y se pudieron marchar. Quedaba esperar la citación del Juez para obtener una orden de alejamiento de su marido y después recuperar a su hija. Pero eso se produciría al día siguiente.
Ya en el coche Silvia temblaba quizá de miedo. Lucas lo advirtió y con una voz segura casi la ordenó.
No estás en condiciones de irte a tu casa, lo harás mañana. Ahora recibirás el cuidado de alguien que te quiere.
Había ya anochecido cuando entraban en el apartamento del joven. Silvia se sentó en un sillón, se sentía más tranquila. Lucas se dirigió a la cocina y comprobó lo que le había dejado de cena la asistenta. Ensalada que lo podían completar con fiambres. Volvió al salón y le pidió a Silvia que le diese unos minutos para cambiarse.
Salió en breves minutos, vestido con una bata y debajo el pijama, La muchacha advirtió como  era capaz de moverse a bordo del andador o de sus muletas por la casa casi volando.
Silvia con una mirada de agradecimiento, le pidió.
¿Me dejas tu cuarto de baño un momento?
La lógica respuesta no se hizo esperar.
Por supuesto.
Silvia salió con el rostro desmaquillado, descalza y con una chaqueta de pijama de Lucas. El la contempló alegremente y con una dulzura salida de su interior.
La dijo.
Esta preciosa con mi chaqueta de pijama.
Tonto. Me he aplicado una crema tuya, como sucedáneo de una hidratante, en mi descompuesta cara, lo de la chaqueta ha sido la solución perfecta. Lamento no estar demasiado sexi.
Me encantas.
Tú qué me quieres y me mimas demasiado. Fue la respuesta agradecida de la joven.
Lucas no había presenciado el reconocimiento del forense, pero advirtió entre la chaqueta medio abierta del pijama que se había puesto , diversos moratones en el pecho.
Se levantó y no pudo contenerse, la desabotonó el pijama y vio como su hermoso cuerpo era un hematoma.
Abrazándola con ternura la prometió que lo que la había hecho Luis su marido no quedaría así.
Silvia sollozaba, partiéndole el alma, la abotonó el pijama, diciendo vamos a cenar, nos hace falta, mientras que la enjugaba las lágrimas.
Cenaron esta vez con apetito, debido al hambre contenida. Silvia recogió la mesa, mientras Lucas la advertía que lo haría en la mañana la asistenta. Sonriendo, le respondió.
Oyes que estoy amoratada pero no inválida.
Mientras observaba como Lucas tendía una sabana y se apresuraba a costarse en el sofá.
¿Qué haces?
Dormiré en el sofá.
Silvia entonces con asombro sincero. Le espetó.
De ninguna forma dormirás ahí y menos por mi culpa.
La cama es grande y nosotros lo bastante adultos para respetarnos.
Abrazada a Lucas entraron en un sueño reparador.
A la mañana siguiente Silvia le diría.
Gracias por cuidarme y sobre todo por haberme sabido respetar como mujer.

Origen de la imagen.

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La terapeuta.


En el capítulo anterior.

Hola Lucas.
Era Silvia.
Su corazón latía más de lo normal.
Me gustaría verte. Deseo hablar contigo.
Te parece bien esta noche, en el restaurante de siempre.
Si nos vemos sobre las diez treinta.
De acuerdo.

La terapeuta capítulo VII.

Pidieron carne asada, ensalada y vino blanco. Silvia intentó durante unos segundos romper el hielo y tratar de explicarle lo que quería decirle. Mientras él empezaba a temerse otra desilusión. Al fin reuniendo el coraje necesario, le explicó de un tirón lo que la pasaba. Lucas me voy a casar con mi antiguo novio, creo que en cierto punto tienes derecho a enterarte por mí misma.7
Lucas petrificado la preguntó.
Sé que no estás enamorada, que tiene que haber algo más fuerte que te lleva a hacer esto. La muchacha lanzándole una mirada de resignación le contesto.
Si. Estoy en cinta de él.
Casi llorando Lucas la rogó. No tienes que hacer lo que no quieras, me tienes a mí, adoptaré a tu hijo, os haré felices a los dos.
Entonces con un  torrente de lágrimas en sus ojos, se abalanzó sobre él para abrazarle, al tiempo que le decía.
No me hagas esto…
En principio su padre no lo consentiría y yo no me podría separar de mi hijo.
Tenemos que aprender a no amarnos, cerrar página y enderezar nuestras vidas.
Conocerás a la mujer de tus sueños e iniciarás la mejor aventura de tu vida. Que es lograr ser feliz.
Después se dieron un beso de despedida y se marcharon cada uno por su lado.
A Lucas se le había caído el mundo entero, pero lloró todo lo que debía y con el corazón lleno de tristeza entendió que tenía que seguir viviendo.
Los meses pasaban con rapidez. Lucas se concentraba en su trabajo además, de que su rehabilitación empezaba a dar resultados óptimos, la amistad con Carlota era algo especial, ambos se limitaban a disfrutarla, guardando sus recuerdos. Habían descubierto que podían ser grandes amigos y no excelentes amantes.
Silvia le envío un escueto mensaje, comunicándole que era madre, en el mes de junio había traído al mundo una niña sana que era ahora toda su ocupación.
Lucas desconocía donde vivía y se limitó a devolverla el mensaje deseándola lo mejor para ella y los suyos.
Como todo lo que le ocurría con Silvia, se diluía en el tiempo y la posibilidad de verla no era posible para él.
El verano transcurría alegremente y Carlota le invitó a pasar unos días en una finca de su familia en la playa.
Lucas no lo pensó demasiado y aceptó la invitación.
La finca era un naranjal situado en el levante, a pocos kilómetros del mar. Se bañaban en la playa, reían y disfrutaban de la gastronomía. Los días pasaban de un modo  genial y se disponían a regresar a la ciudad con las pilas cargadas.
Cada día Lucas pensaba en que quizá podría ser feliz con Carlota. Esta tenía la lógica de una persona sensata, madura y sobre todo vivía en un mundo sin problemas. Proporcionándole una estabilidad que casi le hacía feliz.
No existía quizá amor profundo por parte de ambos, pero su amistad fraguaba cada día más  su unión cómo pareja, siendo quizá posible juntar sus vidas.
Pero el destino lo cambiaría todo. Una mañana de sábado, en el gimnasio Lucas descubre a Carlota con su mejor Amigo, charlan animadamente mientras ella le mira con embelesamiento. Más sorprendido que enojado por no haberle contado nada su amiga, se acerca a ellos y les saluda con cierto rintrintín.
No esperaba verte Antonio por aquí, pero veo que te has aficionado al deporte.
Bueno la verdad que esto ha sido obra de Carlota, que me contagia todo lo bueno.
Le respondió su amigo.
Intercambiaron algunas frases intrascendentes, hasta que para romper  el hielo, Carlota  le anunció que se tenían que marchar. Añadiendo. Luego te llamo.
Al día siguiente le confirmaría su próxima boda con Antonio. Lucas ya había entendido la situación y la dio su sincera en hora buena.
Más tarde pensaría que lo contrario hubiese sido egoísmo por su parte.
Otra vez el tiempo había gastado un par de años más, la primavera anunciaba la llegada del verano. Mientras Lucas trabajaba, se rehabilitaba físicamente y no se planteaba ninguna aventura sentimental.
Hasta que aquel día. En una tarde dominical cualquiera, recibió el temido o más bien deseado mensaje.
¿Tienes un ratito el lunes para mí?
Silvia.
Otra vez esa mujer se metía dentro de su vida, hurgaba en sus sentimientos y probablemente le haría sangre.
Sus ideas eran claras, se había planteado no sufrir más, las mujeres le habían asestado ya varias puñaladas, necesitaba ser pragmático y no montarse otra historia que Silvia no le dejaría vivir.
Al fin el corazón le obligó a contestarla una vez más.
El lunes a las tres en el restaurante de siempre.
Aquel domingo le traería los dulces recuerdos de aquel día en la cama con ella.
Recordaba sus menudos, pero llenos pechos, que aquella noche estaban en sus labios, así como el delicioso cuerpo de la joven fundido en el suyo. En aquella ocasión no hubo nada más que pasión, una pasión que inexplicablemente el destino le arrebataba una vez sí y otra también.

efe.

Photo credit: Arturo Vez via Foter.com / CC BY

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La terapeuta.


5href=”https://www.flickr.com/photos/ffilo/4963594526/”>ffiloo via Foter.com / CC BY-NC-SA

La terapeuta. Capítulo VI

Carlota era mayor que Lucas, pero podía presumir de tener una forma muy juvenil de comportarse, quizá debido a su profesión, o de haberse divorciado al poco de contraer matrimonio. Era lo que la hacían ser así.
Lucas intentaba hablar por teléfono con Silvia, mientras Carlota disponía todo para la entrega del coche. Los intentos fueron infructuosos por lo que decidió esperar a que lo hiciese ella. En realidad el no la había desairado. Pensó con ánimo de reconciliarse con sí mismo.
Carlota regresó y empujó la silla de Lucas hasta el flamante vehículo. Allí Lucas ya con una habilidad estudiada se incorporó esta vez, con la ayuda de las muletas para sentarse en el asiento del conductor. La adaptación en su caso no era muy complicada, los pedales del acelerador y el freno estaban situados mediante levas en el volante, el resto era igual que cualquier deportivo como ese.
Carlota se situó en el asiento del copiloto para explicarle las posibles innovaciones del vehículo, aprovechando para iniciar una breve charla, que culminó para cerrar una cita en el restaurante en el que había una mesa reservada a nombre del joven.
Lucas había reservado mesa en el coqueto restaurante donde iba con Sonía su pareja, a veces acudía solo y la recordaba con emoción, porque la había querido de una manera especial. A veces pensaba que con Silvia podría ser igual. Con un pequeño retraso estudiado, apareció Carlota, esta vez vestía casual. Unos tejanos ajustados a la moda marcaban unas piernas torneadas y bonitas, el pantalón de talle alto daba paso a una blusa de encaje blanca que transparentaba lo justo. El sujetador del mismo color que la blusa anticipaba un busto hermoso. Lucas vestía igual que por la tarde, pantalones de lino, camisa de color y una bonita chaqueta de sport. Evidentemente el joven era lo suficientemente apuesto para que cualquier mujer lo deseara, pero todavía se sentía inseguro con cualquiera de ellas, en realidad solo estaba bien con Silvia.
La charla transcurría animadamente pero la sobremesa tendía a darse por finalizada. Carlota había llegado en taxi y Lucas tenía el nuevo coche en la puerta, era evidente que ella había calculado como volvería a su casa.
Me acercas a casa y te invito a una copa le propuso ella.
El aunque no estaba muy decidido. Ejerciendo su caballerosidad  asintió presto.
Conducía despacio hasta que llegó a un adosado en la periferia, Lucas sabia que vivía en el centro, pero pensó que se había mudado. Como leyéndole el pensamiento, ella le aclaró que había heredado ese chalet y lo usaba muchos fines de semana. Antes de que detuviese el coche Carlota abrió con el mando la puerta y Lucas por inercia entró dentro de la casa.
Entonces percibió como los labios de Carlota le regalaban un húmedo beso.
El joven la miró a la cara con cierta severidad, para aclararla. Carlota esto solo puede ser sexo, yo no puedo ni debo amarte, solo puedo gozar contigo.
Lo entiendo y lo comprendo. Le contestó segura, ven lo pasaremos bien.
El chalé estaba decorado con sencillez, la parte de abajo muy moderna y funcional albergaba prácticamente la zona donde Carlota vivía, Una cocina, baño, el salón y la habitación del servicio es lo que utilizo, le comentó la anfitriona.
Ponte cómodo, ahora vuelvo. Se dirigió al dormitorio, volviendo minutos después ataviada con una corta camisa trasparente. Sirvió una copa de cava mientras Lucas la contemplaba. Ella lo sabía y disfrutaba provocándole. Sus pechos eran duros, coronados por unos obscuros pezones que  traían a mal traer a Lucas, este se abandonó a aquel cuerpo salvaje que le estaba robando su dignidad, pero Carlota, le sacaba su lado obscuro. Notaba como su miembro pugnaba por salir, la mujer advirtiéndolo alegremente, decidió poner remedio a la calentura cogiéndolo ávidamente. Después lo desnudó con premura y encima de él, se introdujo de golpe el miembro del joven amante que estaba ya fuera de su voluntad. Se dejaba hacer y reconocía que esa mujer era un diablo que sabía hacer muy bien el amor. Calientes sudorosos y felices llegaron al clímax necesario para llegar a un salvaje orgasmo.
Rendidos por el sueño, se despertaría Lucas a la mañana. Palpó a su lado notando que estaba solo, escuchando después la voz cálida de Carlota que le decía.
Amor El café está listo.
El joven medio vestido, contemplaba a su amante medio desnuda que le mostraba una placentera sensación de felicidad.
Pero Rompiendo el momentáneo silencio Lucas empezó a hablar.
Carlota no me arrepiento de haber vivido esta noche contigo, pero no podría engañarme a mí mismo, ni a la mujer que adoro. Te ruego que lo entiendas.
Esta con el semblante cambiado, tuvo la nobleza de casi pedirle disculpas por el atrevimiento. Se dieron un cariñoso beso después de declarar su mutua culpabilidad.
De camino a su casa El joven había comprendido que le costaría ser feliz.
Ya castigado por el remordimiento de haber traicionado al que ya era su amor platónico no deseaba nada más que hablar con Silvia, cuando sonó el móvil.
Hola Lucas ¿Cómo estás Silvia?
Te estuve llamando pero fue imposible contactar contigo, la aclaró con miedo.
No te preocupes
¿Qué tal tú estreno?
Muy bien, tenemos pendiente una cena.
Sin problemas te llamo, si no lo hace antes tu amiga.
Silvia no me castigues, sabes que obré imprudentemente.
Bueno en realidad yo te volví a hacer hombre, pero estoy muy contenta por lograrlo.
¡Silvia! Exclamó con tono airado.
Se cortó la comunicación.
La vida para Lucas transcurría con una terrible normalidad, pasaron los meses y un día recibió la llamada soñada.
Hola Lucas.
Era Silvia.
Su corazón latía más de lo normal.
Me gustaría verte. Deseo hablar contigo.
Te parece bien esta noche, en el restaurante de siempre.
Si nos vemos sobre las diez treinta.
De acuerdo.
El restaurante estaba en el centro, en un típico barrio donde se comía bien además de que el ambiente era súper agradable.
Lucas llegó antes que Silvia, tomaba una copa de vino cuando apareció la joven. Vestía esta vez un poco más elegante de lo normal, el vestido negro se ceñía a su cuerpo como un guante y su cabello suelto la configuraba un rostro precioso que con un escaso maquillaje la daba una naturalidad exquisita.
Como siempre Lucas se quedó prendado con ella, pero sobre todo se quedó sorprendido con los pies desnudos de la joven, dentro de unas sandalias de alto tacón que le despertaron su libido.
Silvia que lo conocía muy bien sonrió, al tiempo que exclamaba: Sé que mis pies son tu fetiche, por lo que he querido hacerte un regalo, poniéndome estas sandalias.
Lucas solo acertó a contestarla.
Eres un cielo.

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